Las trabas para obtener el primer empleo

Santo Domingo.- Lograr hacer una carrera universitaria resulta para muchos un gran desafío que conlleva sacrificios económicos y personales. La mayoría de los jóvenes llegan a las universidades movidos por el deseo de convertirse en profesionales y posicionarse social y económicamente en mejores condiciones, de las que les pueden proveer sus familias.

Muchos vienen de hogares extremadamente empobrecidos y sienten que son la única oportunidad que tiene su familia de salir de la pobreza. Sin embargo, el tiempo que se toma para que estos recién egresados consigan su primer empleo dependerá, en muchas ocasiones, del “enllave” que tengan en alguna empresa o en algún partido político.

Quienes no tienen la suerte de contar con alguien que les de ese empujoncito para entrar en una compañía, pasan años tratando de alcanzar esa primera oportunidad laboral.

Aun cuando hay familias que sacrifican todos sus ahorros para enviar a un joven a la universidad, no existe en República Dominicana un Código del Primer Empleo que garantice un espacio en el mercado de trabajo para quienes acaban de graduarse, situación que extiende el tiempo en el cual se podría recuperar de cierto modo, esa inversión.

Los obstáculos que encuentran los jóvenes al concluir sus estudios técnicos o universitarios se resumen generalmente en dos: los bajos salarios y la falta de cuña.

Los testimonios de Rosalina Lora y Jesús Ferrera, dos egresados universitarios que no están trabajando en su área, muestran el panorama que viven miles de jóvenes dominicanos cuando salen de la universidad.

La búsqueda del primer empleo
Su nombre es Rosalina Lora y como muchos otros profesionales aún espera por la oportunidad de trabajar en área para la cual se preparado. Con muchos sacrificios, entre desvelos y dolores de cabeza logró cumplir uno de sus anhelados sueños, graduarse de la carrera de Comunicación Social en la Universidad O&M en el 2016, sin embargo todo el esfuerzo aún no ha valido la pena más allá de una satisfacción personal.

Cuatro han sido los años que Lora lleva buscando su primer empleo en el área de comunicación. Su vida como profesional todavía no ha despegado, porque quizá como la gran mayoría de los jóvenes de República Dominicana, ella no tiene una “cuña” que le facilite el proceso de adentrarse a algún medio de comunicación.

Desde pequeña su pasión ha sido comunicar y hablar en un micrófono. Siendo quien amenizaba los encuentros familiares, Lora siempre soñó con estar en un medio de comunicación haciendo lo que tanto le gusta.

Sus expectativas al entrar a estudiar a la universidad eran, entre otras, comenzar a laborar en el área antes de concluir la carrera, sin embargo el tiempo le ha pasado siendo una simple secretaria de un centro de salud privada.

“Desde los 17 años me he ido preparando en todo lo que conlleva ser un buen comunicador. He realizado cursos y talleres de locución, maestrías de ceremonias, de oratoria y miedo escénico, pero aún no logro conseguir nada”, comenta.

Aunque afirma no sentirse frustrada por no haber logrado un empleo en su área, Lora expresa que en varias ocasiones se ha sentido mal por no estar trabajando en lo que le gusta. Muchas han sido las puertas que ha tocado esta joven para conseguir un trabajo, pero hasta el momento todas las ha encontrado cerradas.

“En el área he buscado oportunidades y he tocado muchas puertas pero no he tenido la oportunidad de que me en el chance en algún medio de comunicación”, dice.

Relata que muy lejos de lo que había soñado, su primer empleo fue como secretaria. Trabajo el cual abandonó hace unos días luego de cuatro años y once meses. A pesar de todas las veces que le han dicho que no hay vacantes para ella a los lugares que ha ido, su tenacidad y empeño por ir en busca de lo que tanto ha deseado, la llevó a renunciar.

“Decidí tomar la decisión de dejar ese trabajo, porque  necesito que los años y la vida no me pasen sin ver lograr mis sueños. Dejé ese empleo porque quiero crecer como profesional y ahí no lo iba a lograr, pues no existía un departamento de comunicación que me lo permitiera”, puntualiza.

En muchas ocasiones Lora se hacía la misma pregunta: ¿Qué hago aquí si no hay oportunidades de crecimiento para mí?, pero los compromisos financieros que tenía no le permitían dejar de trabajar en un oficio que no era para lo que se había preparado, pero que le permitía recibir un salario.

Pese a que no ha logrado conseguir su primer empleo como comunicadora, la joven cree que las oportunidades aun existen para los profesionales. No obstante, considera que uno de los principales problemas es que algunos de los que llevan tiempo trabajando en el área, no quieren ceder y darle el chance a los nuevos talentos que tanto desean crecer, como es su caso.

Sin dejar de lado el hecho de lo difícil que por sí resulta para un recién graduado adentrarse al mercado laboral, Lora explica que a esto se le suma otra barrera denominada el “amiguismo”.

Refiere que lograr un empleo depende mucho del “amiguismo” y de qué conocido tenga dentro de una empresa que pueda ayudar al profesional a conseguir un puesto o un trabajo.

“Quienes no tenemos ninguna “cuña” se nos hace mucho más difícil”, argumenta con cierta impotencia en su voz.

Rosalina Lora destaca que la dificultad para lograr un primer empleo como profesional  es un mal que está afectando a nivel general. Pues indica que no solo se les dificulta a los egresados de comunicación, ya que conoce a varios graduados de otras carreras que están o han pasado por su situación.

“A mí me gustaría que a los profesionales se nos diera la oportunidad y que nos evalúen como profesionales no por ser amigo de alguien. No que se nos cierren las puertas”, plantea.

Abogan por un código laboral
Consciente de que como Rosalina Lora existen miles de profesionales en el país que no han tenido la oportunidad de introducirse al mercado laboral, el empresario José Luis Corripio Estrada (Pepín) en más de una ocasión ha abogado porque en República Dominicana se cree una legislación que garantice el primer empleo.

Corripio ha manifestado su preocupación por temas que considera se pueden prevenir como es el caso del empleo en los jóvenes.

La propuesta del empresario es crear un Código para el primer empleo que funcione paralelo al Código de Trabajo, que dé solución a la necesidad de los que no tienen empleos y les abra las puertas al mercado laboral.

Corripio ha considerado necesario que las compañías les brinden la oportunidad a los jóvenes que necesitan adquirir conocimiento profesional por uno o tres años, ya que en muchas empresas exigen como requisito luego de graduarse tener experiencia.

El empresario ha expresado que dentro de  15 a 20 años se estarán graduando de 200,000 a 300,000 personas en las universidades, por lo que no considera justo que un profesional luego de pasarse más de 12 años estudiando se vea obligada a manejar  un “motoconcho”.

Asimismo ha afirmado que en lugar de debatir sobre el Código de Trabajo, todos los sectores deben ocuparse de los que no tienen empleos.

“Me imagino que entre  ocho, 10 a 12 años, habrá en el país, con los planes y las  inversiones en educación, 150,000 a 200,000 profesionales con un título y sin empleos al paso que vamos, y eso es peligroso, porque es casi una conmoción social”, expresó el empresario en una actividad en la cual participó como invitado.

Corripio ha planteado que hay que motivar al sector privado para la creación de empleos y donde además el Estado sirva de ente moderador para que se creen fuentes de trabajo dignas, por lo que una legislación que garantice el primer empleo resulta vital.

Problema no solo afecta a República Dominicana
La dificultad para que un joven consiga de manera formal su primer empleo es un mal que no solo afecta República Dominicana, pues según un estudio realizado en el 2015 por la Organización Internacional del trabajo (OIT) las tasas de desempleo de los jóvenes suelen ser bastante mayores, casi tres veces, a las de los adultos en América Latina.

El tema de una Código del primer empleo ya se había tratado, sin embargo hasta el momento no ha habido resultado alguno. Según la OIT, desde la década pasada algunos países de América Latina han optado por iniciativas legales para promover el empleo juvenil, bien a través de la introducción de regímenes laborales especiales para jóvenes o de legislación de contratos de primer empleo. En República Dominicana se discutieron propuestas de leyes de primer empleo, pero no se logró el consenso necesario para transitar hacia la sanción de dichas iniciativas legislativas.

“Aunque no fue lo que estudié, en lo que trabajo gano mejor”
Los debates acerca de una legislación del primer empleo siempre sacan a relucir la calidad del trabajo y sobre todo su remuneración, ya que si bien es cierto que a algunos egresados de universidades se les hace difícil conseguir una vacante laboral en su área, hay otros que simplemente prefieren dedicarse a otro oficio que le garantice un mejor salario.

Ese es el caso del joven Jesús Ferreras, quien luego de hacer una licenciatura en Administración de Empresas, se dedica a ser representantes de ventas para una compañía que ofrece artículos de vehículos.

Ferreras comenta que aunque tiene una carrera que no ejerce, el trabajo al que se dedica permite tener una vida económica estable para él, su esposa y su hija.

El proceso para convertirse en profesional le llevó alrededor de siete años en una universidad. Su meta inicial era  graduarse para trabajar en una empresa, pero las circunstancias de la vida lo llevaron a cambiar su enfoque. Ser profesional para administrar una compañía ya no era su objetivo principal, pues explica que lograr un título universitario serviría de motivación para su hija.

Aunque está consciente de que hay que prepararse académicamente, considera que en el país no existen las suficientes iniciativas que recompensen los sacrificios que hace un joven para lograr terminar una carrera.

Al igual que Rosalina Lora, Ferreras expresa que uno de los principales males que afecta el mercado laboral de República Dominicana es que si no tienes una “cuña” conseguir un empleo se hace mucho más complicado.

Asimismo, expresa que una de las barreras a las cuales se enfrentan los jóvenes recién graduados es la falta de experiencia laboral. Plantea que las empresas deberían ser más flexibles a la hora de pedir requisitos para dar un empleo, pues en la mayoría de los casos quieren a alguien con más de dos o tres años de experiencia para un puesto, lo que cierra la puerta a un egresado que quiere trabajar.

“Lo correcto sería que las empresas les brindaran la oportunidad a los jóvenes de aplicar sus conocimientos sin necesidad de estar pidiéndole tantos años de experiencia, porque si no le dan el trabajo entonces nunca la van a adquirir”, dice.

Fuente: Listin Diario
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