Un dilema ético del docente preuniversitario con moral

Por Enmanuel Aquino.- Ser docente en República Dominicana implica estar constantemente frente a varios dilemas morales, sobre todo por el tipo de Cultura del Dominicano y por el sistema educativo imperante…

Al finalizar la docencia de un año lectivo de Secundaria, para citar un momento cumbre del trabajo profesoral, el docente puede verse envuelto en situaciones engorrosas que ponen a prueba su entereza moral; sea esta atea, laica o cristiana. Un ejemplo de ello lo constituye la colocación, presentación y entrega del informe final de las notas alcanzadas por ciertos estudiantes. Lo es, porque muchos docentes honestos y trabajadores se ven ante la encrucijada de ser probos, actuando con la ética que se espera de ellos, o ser vistos como entes que obstaculizan el desarrollo y avance social de discentes que, no alcanzando las competencias necesarias para la promoción del grado, son favorecidos por algunos malos docentes y un sistema educativo que solo busca la promoción del grado en cantidad y que ha abandonado la idea de Educación de Calidad.

Es rutina tener que escuchar a compañeros de profesión decir frases irresponsables o tener que tragar sin masticar acciones direccionales administrativas que buscan una “ayuda para estudiantes”. “Ayuda” que, al final, es un gran daño y desprestigio para el sistema educativo, el centro educativo y el resultado de los antes mencionados…

“Que los queme la vida”. “Tú no tienes piedad”. “Tienes un corazón de piedra”. “Debes ser más flexible”. “El sector de donde procede ese estudiante no le da para alcanzar más”. “El sistema informático abrió y hemos decidido incluir a estudiantes que deben ir a segunda convocatoria de Pruebas Nacionales para que vayan a la primera”, etc. Son afirmaciones comunes ante las cuales se ven de frente, mayormente, los docentes de las áreas de instrucción fundamental, entiéndase: Matemáticas, Ciencias de la Naturaleza, Lengua Española y quizás Ciencias Sociales; porque, casi siempre, los docentes de las demás asignaturas tienden a relajar su rol y colocan un “trabajo de investigación” que vale al estudiante que no logró demostrar las competencias esperadas durante cada período evaluado (o que casi no asistió al plantel educativo), como medio para lograr lo que entiende el alumno es su proporcionalidad para promover… y que habilita en los no aptos para pasar al siguiente grado la tan popular frase “Profe solo me falta la suya para promover. ¡Ayúdeme! ¡No sea malo! ...”.

Si de Once asignaturas (por la “Bondad y el humanismo” de profesores que “No van a coger lucha" o que prefieren “Que los queme la vida") solo le faltan tres o dos notas, los “estudiantes” que alcanzan esa posición (que son el resto del curso…), se creen poseedores del estatus de igualdad ante sus compañeros que fueron consecuentes durante todo los cuatros períodos, o lo que es lo mismo, durante todo el año escolar evaluado, y se auto convencen de que deben ser promovidos y que si eso no sucede es porque esos tres… profesores son muy inhumanos y no conocen la bondad en sus corazones.

Ante tan engorrosas y antiéticas situaciones que involucran a los trabajadores de la tiza, el borrador y el marcador, obligadas son las interrogantes: ¿Cómo debe proceder el docente ético ante tal realidad? ¿Qué significa para el profesor asumir su correcto rol? ¿Se debe estar dispuesto a pagar el alto coste que se deriva de tan responsable acción? ¿Ante quién puede acudir el docente que actúa de forma ética a buscar refugio? Analicemos…

La Ética, como ciencia que estudia la Moral, no deja espacio para dudas… El docente ético, sin importar la ideología que profesa, debe hacer lo correcto y colocarse por encima de las críticas de sus compañeros y directivos, incluso por encima de autoridades distritales y regionales, si es que éstas comulgan con las acciones irresponsables de promover de manera graciosa a aquellos que no son poseedores de las condiciones que plantea el Currículo para que un discípulo pueda ser promovido; obviamente, luego de agotados los procedimientos que ordena al profesor la normativa que regula su accionar para emitir una evaluación final.

El docente ético, y que por su accionar no es bien visto por sus “compañeros” de ministerio, debe buscar fuerzas en los espacios ideológicos de la Teoría Educativa que vengan a reforzar su posición magisterial. Volver a las Prácticas Morales de los grandes maestros educadores como Eugenio María de Hostos o el gran humanista José Martí; volver a abrevar de las ideas educativas de Gransci, Vigossky, Piaget, Freire, etc., puede ayudar a repensar el accionar docente y a armarse con las herramientas necesarias para aportar mejor a los estudiantes, al tiempo que se desempolva y engrasa “El Fal ideológico” que da la fortaleza moral y teórica que sirve para sustentar la posición disidente por la cual, en un guion propio de lo descrito por Eduardo Galeano en su libro “El mundo patas arriba”, se es perseguido por actuar con decoro en un mundo sin decoro.

En este mundo en el que “Igual que en la vidriera irrespetuosa/ De los cambalaches/ Se ha mezclado la vida/”, como bien planteó Enrique Santos Discépolo en su tango Cambalache; obligado es recordar a José Martí y su análisis moral que da fuerzas y anima el actuar ético. Según Martí, “En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”.

En consecuencia, ante la presencia de cualquier dilema ético que se presente al docente preuniversitario poniendo a prueba su ejercicio de moralidad, la respuesta a esa encrucijada debe ser el actuar apegado a los más altos principios de justicia interior que este posea. Asumiendo dignamente y con gallardía el pago de la cuota que fuere necesaria proporcionar como contra partida por asumir su correcto, decoroso y ético proceder.

Fuente: (El autor posee Licenciatura en Educación Mención Matemáticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); Especialidad en Matemática con Orientación a la Enseñanza por la Universidad APEC (UNAPEC); es maestrante de la Maestría en Diseño y Análisis Estadístico de Investigaciones en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la (UASD) así como también de la Maestría en Ciencias de la Educación Mención Matemática Media Superior de la (UNAPEC); actualmente es profesor de Secundaria del Ministerio de Educación de República Dominicana (MINERD) en el área de Matemática)
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