Pacto, divorcio y alternativa

Por Oscar Medina.- Sin razón aparente y necesidad ninguna, Luis Abinader se unió a Leonel Fernández y a los partiditos que lo postulan, para en lo adelante caminar de la mano con gente que por años acusó de todos los males, falencias y desgracias que sufre el país. Y así, sin mayor contemplación y bajo el escuálido alegato de procurar un Congreso equilibrado, divorció su imagen de la idea del cambio.

Luis suscribió un pacto que crea fisuras en su partido –como demuestran las declaraciones de la secretaria general perremeísta Carolina Mejía– y le aleja de segmentos sociales liberales y progresistas, adversos al PLD y de natural inclinación hacia su candidatura, que nunca transitarían la misma senda que los grupúsculos del más rancio y execrable conservadurismo que siguen a Leonel con devoción cuasi orgásmica.

En política dos y dos no siempre suman cuatro... Y hay sinergias que pueden producir resultados negativos.

Pero es además un acuerdo innecesario. Luis y el PRM, como grandes beneficiarios de la crisis del PLD, no tenían ninguna necesidad de acuerdos visibles que ahora buscan ocultar tras eufemismos infantiles.

Gracias a la fragmentación peledeísta, las posibilidades del PRM a nivel senatorial eran en sí mismas bastante halagu¨eñas. Pudieron incrementar sustancialmente su presencia en el Senado presentando candidatos propios, contribuyendo así a la construcción y fortalecimiento de liderazgos locales. En lugar de suscribir una alianza absolutamente desproporcionada, en la que ofrecen apoyos y entregan candidaturas en diez provincias a un paquete de chiripas, y sólo son reciprocados en catorce. A pesar de esos, son el único partido con gente y posibilidades de llegar al poder.



Se trata, en fin, de un pacto nocivo para Luis. Pero no apelando a supuestos pruritos morales que resultan inútiles cuando se trata de construir proyectos políticos ganadores. Es sobre la base de su evidente esterilidad, y lo perjudicial que puede resultar para los objetivos del proyecto político que se articula en torno a su aspiración presidencial.

Y es que a cambio de nada Luis arrió la bandera que izó por años y abrió de par en par la puerta para el ingreso de una nueva alternativa al escenario político...

Alguien que pueda abrazar sin complejos ese ideal de cambio que reclaman importantes segmentos de la sociedad dominicana.

Luis lleva tiempo encabezando todas las encuestas y perfilándose como el principal líder de oposición. Sin embargo por alguna razón inexplicable, y a pesar de la crisis del oficialismo, no acaba de consolidar una ventaja sólida. Lo que no deja de inquietar a quienes abrigan la esperanza de un cambio en las próximas elecciones.

Y esta alianza de “macos y cacatas” crea definitivamente las condiciones para que surja un nuevo actor en el escenario político. Un candidato capaz de atraer el voto castigo al peledé, de los inconformes y decepcionados, indecisos y nuevos votantes. Joven, con excelente imagen y altísima valoración positiva. Con experiencia de Estado y probada capacidad administrativa.

Dispuesto a emprender un proyecto político que ofrezca una real alternativa a la sociedad dominicana. El escenario político está a punto de ponerse aún más interesante... Esperemos.

Fuente: El autor es comunicador
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